La mentira más peligrosa es la que repites sobre ti

Hay ideas que repetimos tantas veces que dejan de parecernos opiniones y empiezan a sentirse como hechos.
“Yo no soy bueno para vender.”
“Siempre he sido desorganizado.”
“No tengo disciplina.”
“No soy creativo.”
“Ya es demasiado tarde para empezar.”
El problema no es solamente la frase.
El problema es lo que hacemos después de creerla.
Si estás convencido de que no eres bueno para vender, quizá evites conversaciones comerciales.
Si crees que eres desorganizado, probablemente dejes de buscar un sistema porque “así eres”.
Si piensas que no tienes disciplina, cada incumplimiento se convierte en una nueva prueba de que tenías razón.
Y poco a poco ocurre algo peligroso:
Una interpretación empieza a dirigir tu comportamiento como si fuera una verdad.
Una creencia no es un hecho
Muchas de las cosas que creemos sobre nosotros surgieron de alguna experiencia real.
Quizá algo salió mal.
Alguien hizo un comentario.
Fallaste varias veces.
O simplemente llevas años actuando de determinada manera.
Pero de ahí solemos dar un salto:
De:
“Esto me salió mal.”
a:
“Yo soy malo para esto.”
De:
“No he logrado ser constante.”
a:
“Yo no tengo disciplina.”
No significan lo mismo.
Una describe una experiencia.
La otra define tu identidad.
Y cuando una creencia se convierte en parte de tu identidad, empezamos a buscar evidencia que la confirme y a ignorar aquello que la contradice.
No necesitas mentirte en sentido contrario
Cuestionar una creencia no significa sustituirla por una frase positiva que tampoco crees.
Si durante años has pensado:
“No tengo disciplina.”
probablemente no sirva mucho levantarte mañana diciendo:
“Soy la persona más disciplinada del mundo.”
No se trata de engañarte.
Se trata de buscar una interpretación más precisa y más útil.
Por ejemplo:
“No he sido constante en algunas áreas, pero sí existen momentos en los que he demostrado disciplina.”
Esa frase cambia algo importante.
Ya no estás defendiendo una limitación.
Ahora tienes evidencia con la que puedes trabajar.
HERRAMIENTA DE LA SEMANA · MÉTODO HARADA
Cuestiona una creencia
- 1.Escribe una frase que repitas frecuentemente sobre ti. Puede comenzar con: Yo no soy… Yo siempre… Yo nunca… A mí me cuesta… No puedo porque…
- 2.¿Qué experiencias hicieron que empezara a creer esto?
- 3.¿Qué evidencia tengo de que no siempre es cierto?
- 4.¿Cuándo he actuado de manera diferente?
- 5.¿Cuál sería una versión más precisa de esta creencia?
Por ejemplo:
Creencia: “No soy bueno hablando en público.”
Evidencia diferente: “He explicado ideas con claridad en reuniones pequeñas y cuando conozco bien el tema.”
Nueva interpretación: “Todavía necesito desarrollar confianza frente a grupos grandes.”
Parece un cambio pequeño.
Pero una frase describe una identidad fija.
La otra describe una capacidad que puedes desarrollar.
Esta semana
Identifica una creencia que lleves tiempo repitiendo y cuestiónala.
Después, escríbeme a carlos@focusacademy.lat con las dos frases:
Antes creía: ________
Ahora prefiero decir: ________
No necesitas convencerte de que puedes hacerlo todo.
Solo asegúrate de no utilizar una vieja interpretación como prueba de lo que eres capaz de hacer hoy.
A veces, lo que más limita nuestro futuro no es lo que nos falta. Es aquello que ya decidimos creer sobre nosotros mismos.
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Carlos E. Barclay
Fundador de Focus Academy y coach certificado del Método Harada en México.
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Reflexiones semanales sobre desarrollo humano, disciplina y el Método Harada.
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